Apostarle al campo colombiano es asegurar la conservación de nuestra identidad y nuestra cultura

Alejandra Roa
Alejandra Roa

Investigadora en participación comunitaria

El cambio climático y el aumento de las heladas, sequías e inundaciones constituyen un escenario cada vez más difícil para el ser humano, y la primera industria en sufrir sus consecuencias de forma más directa es la agricultura; ya que los cambios en el clima están en la capacidad de producir pérdidas económicas a gran escala, inclusive irreparables. 

 

En el entorno local colombiano, la industria de la agricultura tiene un contexto de complejas dinámicas que han impedido su desarrollo. Especialmente el uso y la tenencia de la tierra ha sido una de las causas estructurales del conflicto armado que ha permeado la historia nacional por más de sesenta años. En la actualidad, el campo Colombiano se enfrenta a una gran cantidad de retos posteriores a la firma de los acuerdos de paz suscritos entre el estado colombiano y el grupo armado FARC-EP, ya que lo pactado creó una atmósfera de directrices a cumplir con el fin de construir una paz incluyente y sostenible. 

 

Es por esto que, como jóvenes tenemos el compromiso de conectarnos con nuestro campo para trabajar en la elaboración de planes de adaptación al cambio climático que les permita a las comunidades tener herramientas para enfrentarse al escenario que hoy impone la volatilidad climática, pero especialmente, trabajar en la construcción de las mismas desde un enfoque territorial.

Los y las campesinas de nuestro país poseen gran conocimiento de técnicas de producción agrícola, artesanal, ganadera y de preservación de ecosistemas

admin

Rescate de conocimiento ancestral: Saberes populares y tradicionales

Los y las campesinas de nuestro país poseen gran conocimiento de técnicas de producción agrícola, artesanal, ganadera y de preservación de ecosistemas, gracias a las maravillosas características de producción que nos ofrece el territorio a lo largo y ancho del país, y ha sido la transmisión de conocimiento de una generación a otra, la que ha permitido mantener a través del tiempo, lo que reconocemos como saberes tradicionales y populares, logrando así que los mismos se desarrollen para mejorar sus procesos.

Y es que en el escenario actual, rescatar el conocimiento ancestral de nuestros pueblos resulta un esfuerzo revolucionario, puesto que la variabilidad climática además de amenazar la seguridad alimentaria de la humanidad, crea serias afectaciones en la conservación del capital cultural simbólico de la nación, ya que la pérdida de semillas de principal consumo local produce la disminución y/o supresión de platos típicos y recetas de medicinas tradicionales. 


Es allí en donde el ‘Plan de adaptación al cambio climático con enfoque ancestral’ desarrollado en comunidades habitantes de los páramos La Cortadera y Ocetá, toma un punto de partida para su desarrollo; rescatando y valorando el conocimiento que nuestros ancestros conservan, considerando su valía a la hora de combinarlo con nuevos hallazgos creando un puente con la juventud y la niñez, que le permita a las comunidades actuales crear las mejores estrategias posibles frente a un escenario de cambio climático con afectación directa a los cultivos.  Esta conexión entre lo ancestral y la juventud es uno de los paradigmas centrales del proyecto, ya que es el escenario preciso para la generación de interés en el relevo generacional de actividades y labores rurales, realizadas a partir de los saberes tradicionales y populares de la comunidad. De forma esencial buscamos generar un intercambio de experiencias y conocimientos, fortaleciendo así el tejido social comunitario.

Construcción de paz territorial

De forma transversal, consideramos la relevancia de realizar un aporte a la construcción de la paz de nuestro país, y para ello tenemos en cuenta aspectos esenciales a la hora de diseñar las estrategias de adaptación más adecuadas para cada tipo de comunidad. De manera fundamental buscamos concientizar a las comunidades de que la construcción del bienestar personal y comunitario debe estar en línea con el entorno ambiental que los rodea, escuchando sus necesidades y generando soluciones para cada nivel de afectación que sufre la naturaleza.  

Por otra parte, consideramos la importancia de democratizar los espacios de discusión comunitaria, teniendo como eje fundamental la generación de una atmósfera de equidad entre géneros y diversidad de pensamientos, en donde a su vez incentivamos de forma puntual la participación y generación de ideas por parte de la juventud y niñez, así como también el reconocimiento a la labor histórica de la mujer campesina.

Sin duda alguna, el campo colombiano se enfrenta al gran desafío de volver a sus raíces, conectarse con su origen y reconstruir su tejido social comunitario, estableciendo así el ambiente adecuado para el desarrollo de estrategias que les permitan adaptarse a las condiciones producidas por el cambio climático. Es en este escenario, en donde como organización juvenil somos actores principales encargados de recolectar y enlazar nuestros territorios en la búsqueda de un mismo objetivo: preservar el medio ambiente.